Plazaola, naturaleza llena de magia e historia

Hola amigos, hoy os voy a contar cómo fue mi último viaje hacia el pasado. Los que me conocéis, sabéis que a medida que pasa el tiempo soy más amante de la naturaleza, del paisaje de montaña porque de esa forma me siento más libre y auténtica.

Este domingo elegí un destino familiar: LA VÍA VERDE DEL PLAZAOLA. Mi aitite Luis realizaba antiguamente este recorrido en un antiguo tren minero llamado PLAZAOLA que unía las ciudades de San Sebastián y Pamplona dando lugar a un trayecto ferroviario repleto de túneles, precioso, llena de magia e historia.

Entré en la Oficina de turismo de Lekunberri donde me asesoraron sobre las posibilidades de la Via verde. Yo no lo dudé, elegí el tramo de Lekunberri a Uitzi. Este tramo de Vía Verde se desarrolla por Lekunberri – hasta el  Tunel de Uitzi 12km y llegando a Andoain 21km.

Los valles de Larraun y del Leitzaran, que unen tierras de Navarra y Guipúzcoa, son un auténtico santuario natural. Entre sus frondosas laderas de hayas y robles, un pequeño ferrocarril de vía estrecha realizaba el recorrido de San Sebastián a Pamplona hasta su clausura a mediados del siglo XX. Hoy su espectacular trazado se abre al paso de ciclistas y caminantes de espacios naturales casi vírgenes.

Desde la estación de Lekunberri caminé hacia la estación de Uitzi. En el camino atravesé los tres túneles de los 39 con los que cuenta la ruta. Al salir del primer túnel, me desvié y  remonté una dura rampa, (pero corta), hasta volver al itinerario original. Hay un tramo de 160m con desnivel. El 2º túnel (de Bartolo) está iluminado y el tercero no, pero es muy corto. He de deciros que con mi linterna disfrute de aquel entorno como si fuera 1941, el año donde inauguraron el tren PLAZAOLA.

Cerré los ojos y me imaginé recorriendo el trayecto en este tren minero que durante sus cuarenta años de funcionamiento fue una ruta comercial y de comunicación entre Navarra y Gipuzkoa.

Desde la salida del túnel hasta Leitza me quedaban otros 5 km para llegar a Leitza. Un precioso pueblo  de grandes caseríos en un enclave natural mágico. Un entorno bello y elegante que muestra  la sencilla forma de ser de su gente.

Tras mi gran caminata me adentré en el ostatu del pueblo y me comí una de las mamillas más ricas de mi vida, hecha con piedra de la Ulzama, una maravilla.

Entre viviendas con entramado de madera y los edificios de porte señorial disfruté del final de mi trayecto y rememoré que Leitza era la cuna de deportistas de renombre como los pelotaris  Abel Barriola y Oinatz Bengoetxea así como su estrecha relación con el deporte rural, con los levantadores de piedra Mikel Saralegui o Iñaki Perurena.

Una actividad que pretende homenajear la vida rural de antaño.

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